Turista Maluco de Gabriel Orozco

 Gabriel Orozco

Nació en Jalapa, Veracruz, en 1962. A principios de los ochentas estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, donde centra su actividad artística en la pintura y la escultura. Al finalizar sus estudios profesionales, viaja a Europa y reside en Madrid, estudiando en el Círculo de Bellas Artes durante un año. A su regreso, encabeza en 1987 un taller libre conformado por Abraham Cruzvillegas, Damián Ortega, Jerónimo López y Gabriel Kuri. Esta actividad, enfocada a experimentar un proceso formativo al margen de los programas institucionales, propicia un continuo y fecundo diálogo sobre concepciones fundamentales del arte contemporáneo, sus modos de producción y las connotaciones que éste genera en la obra de quienes integraban dicho grupo. Ese mismo año Orozco tiene una participación exitosa en el Salón de Espacios Alternativos, evento celebrado en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, y en 1989 en la exposición titulada A propósito, muestra colectiva de instalaciones inspiradas en el trabajo de Joseph Beuys, curada por Guillermo Santamarina. Tiempo después, emprende un largo viaje que lo conduce a establecerse en la ciudad de Nueva York, durante el cual depura la intencionalidad conceptual de su trabajo. Simultáneamente, realiza una serie de obras en las que se hace evidente la concomitancia de las propias características formales de su actividad artística que había generado entre la fotografía, la escultura y las acciones.

Gabriel-Orozco

En Turista maluco: (1991) se puede apreciar que es sólo a través de la fotografía y su ineludible encuadre, que resulta posible atestiguar la intervención espacial-objetual que Orozco realiza en un tiempo determinado.

La fotografía muestra una composición con un punto de fuga que se localiza en el extremo superior derecho, y que a través de las mesas que forman filas mal hechas, el punto de fuga, se va abriendo hacia la parte inferior izquierda del encuadre. Pero como tendemos a leer del extremo superior izquierdo al extremo inferior derecho, lo que hace la composición es que en primer lugar fijemos la vista en el extremo superior izquierdo y a través de naranjas que dibujan una diagonal imaginaria nos topemos con la naranja que está más grande y en primer plano, si subimos la vista un poco nos encontramos con otra naranja que está a la derecha y que le sigue en cercanía a la primera, luego vemos una tercera a la izquierda, que a su vez, nos lleva a una cuarta que se encuentra casi al centro de la composición y a si sucesivamente. El encuadre de la fotografía es muy claro, lo importante está al centro.

Para Orozco la fotografía no es mas que un medio para registrar su obra, como el lo dice: “…Me interesa lo plano de la foto en su descripción de lo tridimensional, y su posible espacio para guardar el tiempo. Me interesa la foto como espacio escultórico, y al mismo tiempo me interesan los objetos que puedan adquirir una presencia fotográfica.”

En cuanto a las formas estas en su mayoría nos hablan de un lugar que se encuentra dentro de una civilización, pero que ya está abandonado, no se sabe si en forma temporal, aunque las casas viejas y despintadas que se muestran en la parte superior nos dejan ver que hay gente que habita el lugar, un lugar civilizado pero a la vez humilde, precario y quizá trabajador, quizá por que a través de los charcos, la humedad y la basura de estas mesas hechas de trozos irregulares de madera y este piso de piedra, se demuestra que aquí se desarrolló alguna actividad. Las formas también nos dejan ver algo mas perturbador, arriba de cada mesa hay una naranja, que no pudo haberse puesto accidentalmente, o por error, no si fue en todas las mesas y menos si están acomodadas.

Los colores nos dan la apariencia de lo precario, de lo usado, de lo viejo, de lo callejero, de lo temporal. La madera, la piedra, el concreto, todo en colores cremas, naranjas, cafés, negros, amarillos, colores que son cálidos y que sólo contrastan con el azul intenso de una casa, una mesa que mas bien parece un exhibidor y el verde de una planta.

La fotografía corresponde a una instalación hecha en 1991 por Gabriel Orozco en un pueblo de Brasil, la obra se llama turista maluco, o turista loco y aunque sólo cause extrañeza por el hecho de poner naranjas sobre los puestos vacíos de un mercado callejero con el propósito de generar una perspectiva lineal, de recesión casi formalista, de los puntos naranjas dispuestos a lo largo de los ejes de los puestos vacíos del mercado abandonado, se necesita conocer bastante sobre la vida de este artista para descifrar esta obra.

En su obra es importante precisamente la manera en que resuelve esta relación ente el espacio público, los objetos, su acomodo y el espectador.

Benjamín Buchloh señala que “el trabajo de Orozco provee un recuento exigente de las condiciones frágiles de la experiencia del objeto y lo tenue de la existencia escultórica dentro de ellas”. Esta amplia e indeterminada concepción de la escultura ha dado a Gabriel Orozco la libertad de experimentar distintas prácticas intuitivas de composición-descomposición del espacio público. A través de éstas acentúa la relación social que existe entre los objetos, los espectadores, y la percepción fenomenológica que estos últimos experimentan al interactuar con el entorno…

En la obra de Turista Maluco se nota un lenguaje abstracto y fenoménico, deja hablar a las cosas, aprovecha la expresión natural del fenómeno en vez de imponerle dialectos vernáculos. Y esto es por el afán de no decir más de lo necesario, de expresar lo más que se pueda con menos elementos.

Para Molly Nesbit, maestra de historia del arte y mujer de letras, el interés por los objetos encontrados o readymades en las obras de Orozco así como el silencio y el lenguaje elíptico se vinculan con las obras de Jhon Cage, Marcel Duchamp y Jorge Luis Borges.

El turista loco es precisamente Gabriel Orozco quien de forma no muy organizada distribuye las naranjas sobre los puestos, sobre el espacio, esto simplemente con la intención de querer jugarle una broma al espectador despertando su curiosidad y a la vez su desilusión al esperar ver algo espectacular en una obra de arte.

Pero para Orozco hay aspectos más importantes que darle al espectador lo que quiere, Orozco quiere que seamos individuos no masas. El espacio público, para el, no tiene que ser grandioso para decir algo que se quede en el tiempo, la obra se tiene que integrar al espacio y no es garantía que si se invierte mucho tiempo en hacerla, esta vaya a trascender con mayor fuerza, un gesto mínimo puede tener mayores consecuencias.

Lo anterior muestra la relación entre la obra escultórica y el espacio público, que para Orozco, el imponer una escultura preconcebida en un lugar que le es ajeno muestra una intransigencia tecnológica, estética o cultural. De esta manera Orozco también define que, para él, una “Instalación” es una obra hecha para un sitio específico reconociendo las características propias del lugar, procurando elaborar un todo articulado.

La estética de Orozco se alimenta de lo que encuentra a su paso, no para subsistir, sino para digerir y transformar, tiene un apetito por el accidente que le permite improvisar con el contexto e integrarlo en sus diferentes circunstancias.

En cuanto a los objetos, estos están cargados de significado y los materiales de los que están hechos estos objetos no se escogen por azar, estos objetos fueron concebidos de cierta manera para darles un nuevo funcionamiento metafórico. En este caso la madera y las naranjas.

En cuanto a Orozco como mexicano, sus obras nos hablan mas de su nomadismo y de no solo un tipo de arte, sin embargo a través de su forma de entender el funcionamiento de las cosas y su habilidad para resolver los problemas y situaciones cotidianos, con los escasos recursos que se cuenta, además de lo lúdico de su obra y la constante del juego y los acertijos, así como de la apropiación de imágenes cotidianas, deja ver las grandes habilidades de los mexicanos.

Para mi la obra de Orozco es producto de un método riguroso y una voz propia que tiene sus orígenes en, Marcel Duchamp, Carl Andre, Constantin Brancusi, Richard Serra y principalmente en David Hammons. Que es conceptual pero que explota la intuición y que es minimalista y surrealista.

Así, Orozco ha crecido e influido en el flujo del arte contemporáneo; sus diversas creaciones nacen de una minuciosa observación del presente, del interés por las relaciones interpersonales y de una profunda reflexión sobre la actividad artística y la experiencia estética.